Devolvemos la salud y la fiabilidad a tu compañero de viaje

Tu coche es más que un montón de piezas y tornillos; es tu fiel compañero de viaje, el que te lleva al trabajo, a la playa o a esa escapada improvisada que te salva el fin de semana. Como periodista, he aprendido que, al igual que nosotros vamos al médico cuando algo no va bien, nuestros vehículos también necesitan un “doctor” que escuche sus quejas, y en la reparación de coches Noia he encontrado a esos héroes que diagnostican y curan con maestría. Imagina que tu coche empieza a toser, con un traqueteo raro bajo el capó, o que una luz de aviso parpadea en el salpicadero como si te guiñara un ojo con malas noticias. Esas señales son el lenguaje de tu auto, su manera de decirte “¡hey, necesito un chequeo antes de que me dé un patatús en medio de la carretera!”. Ignorarlas es como dejar una fiebre sin tratar, y créeme, nadie quiere quedarse varado en una cuneta con el móvil a punto de apagarse.

Escuchar a tu coche es el primer paso para mantenerlo sano y salvo. Hace poco hablé con un conductor que notó un chirrido cada vez que frenaba, un sonido que le recordaba a un gato protestando en una película de comedia. En lugar de subir la radio para ahogar el ruido, llevó su auto a un taller, y los mecánicos, como auténticos médicos de vehículos, descubrieron que las pastillas de freno estaban desgastadas hasta el límite. Con manos expertas, desmontaron las ruedas, revisaron cada pieza con la precisión de un cirujano, y reemplazaron lo necesario, devolviéndole a los frenos esa suavidad que te hace sentir seguro al pisar el pedal. Las luces de aviso, como ese temido icono del motor, son otro grito de auxilio: a veces es un sensor travieso, otras un problema más serio, pero los profesionales usan herramientas de diagnóstico, como un estetoscopio para autos, para leer los códigos y encontrar la raíz del mal.

La tranquilidad en la carretera es el gran premio, y un taller de confianza es tu mejor aliado. Conocí a una familia que, antes de un viaje largo, notó que su coche vibraba como si estuviera bailando salsa en cada curva; en el taller, los expertos revisaron la suspensión, ajustaron las piezas con la delicadeza de quien afina un violín, y encontraron un problema en los neumáticos que se solucionó en un par de horas. El resultado: un viaje suave, sin temblores, y la seguridad de que llegarían a su destino sin sobresaltos. Los mecánicos no solo arreglan, sino que previenen, comprobando el aceite, los filtros, la batería, todo lo que mantiene a tu compañero de viaje en plena forma, como un chequeo anual que evita dolores de cabeza futuros. Y seamos honestos, ¿no es genial saber que no tendrás que empujar tu coche bajo la lluvia porque alguien lo cuidó a tiempo?

Confiar en un profesional es como tener un médico de cabecera para tu auto. Los talleres de calidad te explican cada paso, desde por qué ese ruido raro viene del escape hasta cómo un ajuste en la alineación hace que tu coche ruede como si flotara sobre la carretera. He visto cómo un conductor, preocupado por un zumbido bajo el capó, salió del taller con una sonrisa, sabiendo que una correa suelta fue ajustada y que su auto estaba listo para devorar kilómetros. La intervención a tiempo no solo soluciona el problema, sino que te da la paz de saber que tu compañero de cuatro ruedas no te dejará en la estacada. Los mecánicos, con sus manos llenas de grasa y su pasión por los motores, son los héroes que mantienen tu vehículo sano, fiable y listo para llevarte a donde quieras, con la seguridad de que cada viaje será una aventura sin contratiempos.


El ajo, uno de los condimentos con mayor potencial culinario 

Los bulbos de la planta Allium Sativum se cultivan y utilizan en gastronomía desde hace milenios. Cocinas como la mediterránea, la asiática o la árabe perderían parte de su identidad de este condimento, utilizado en cientos de salsas, adobos, marinados, sofritos, etcétera. Además, su sabor y aroma intensos se complementan bien con preparados complejos, como el queso con ajo o los panes y mantequillas elaborados con él.

Su potencial culinario reside en la alicina que contiene. Se trata de un compuesto que aumenta el gusto picante y fuerte de los alimentos que lo acompañan, ya sean carnes, pescados o derivados lácteos. En particular, quesos como el chédar, el gouda, el ricotta o el Philadelphia elevan su perfil de sabor gracias al ajo.

Las cualidades de este alimento, al mezclarse con ciertos productos queseros, consiguen efectos sorprendentes. Además, son muchas las voces expertas que alaban el efecto del ajo sobre el quinto sabor o unami, para regocijo del paladar.

Más allá del queso, la mantequilla también se beneficia de este condimento. En gastronomías como la francesa, esta fusión es la base de los escargots o caracoles de Borgoña. Su receta no puede ser más simple: mantequilla y ajo con aderezos naturales como la sal, el perejil o las hierbas provenzales.

Otra demostración de su poder es el pan de ajo, un clásico de la cocina española que también goza de popularidad fuera de nuestras fronteras (el pain à l’ail francés y el garlic toast inglés son claros ejemplos). Su preparación tampoco tiene misterios, y ahí reside parte de su atractivo, además de su polivalencia. Porque el pan de ajo casa con pastas italianas, quesos frescos y suaves, etcétera.

De no existir el ajo, la oferta de salsas sufriría un vacío irreparable. Este ingrediente es fundamental en el chimichurri, el alioli o el pesto, por destacar solo las salsas más consumidas que dependen de este condimento.


Córdoba: ¿qué ver en su casco histórico y dónde aparcar?

La Ciudad de los Califas tiene bien ganado su sobrenombre, a la vista del gran número de construcciones y monumentos que datan del periodo califal, aunque tampoco faltan otros de época muy anterior y posterior. Además de estudiar el itinerario a seguir, a sus visitantes se les recomienda buscar y reservar aparcamiento en el centro de Córdoba en caso de desplazarse en coche propio, pues esta es la quinta ciudad más turística de Andalucía.

Una parada obligada es sin duda la mezquita-catedral de Córdoba, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Sus torres, arcadas, patios y otras estructuras combinan estilos tan dispares como el omeya, el gótico o el renacentista. Se estima que más de un millón de personas lo visita cada año.

Para estacionar cerca, los viajeros disponen del parking La Ribera a pocos metros del puente de Miraflores; el parking La Mezquita en la calle Cairuán, y el parking Centro Histórico en la avenida de los Custodios.

Otra reliquia con historia es el Puente Romano, ubicado entre los barrios de la Catedral y del Campo de la Verdad. Consta de dieciséis arcos que «saltan» una extensión de doscientos cincuenta metros del Guadalquivir. Con razón, ha sido declarado Bien de Interés Cultural, y está presente en numerosos films y series de televisión.

Aparcar cerca del Puente Romano no es difícil. Los turistas cuentan con múltiples opciones gratuitas y de pago en la avenida Fray Albino y en la calle Acera Mira al Río, principalmente.

Una de las plazas más bellas de España encuentra su sitio en Córdoba: la plaza de la Corredera es un enclave turístico de primer nivel no solo por su diseño porticado, sino también por los diferentes bares y restaurantes que acoge y donde puede degustarse la cocina típica de esta provincia. En este caso, el parking del Mercado Victoria es la mejor opción para estacionar coches y motos a pocos metros de esta plaza.


Puertas acorazadas: máxima protección para tu vivienda

Cuando le preguntas a cualquier coruñés por su mayor preocupación a la hora de proteger su hogar, suelen venir dos cosas a la cabeza: si el Deportivo hará un buen partido el finde y, sobre todo, cómo asegurarse de que ninguna visita indeseada entre en su casa. Ese segundo asunto se ha convertido en la comidilla de portales de vecinos, grupos de WhatsApp y sobremesas familiares. Por eso, encontrar puertas acorazadas en A Coruña se ha vuelto casi un deporte local, y por buenas razones.

La seguridad en casa se ha sofisticado tanto como la cocina gallega. Ya no basta con un par de vueltas al cerrojo ni con poner la típica alarma que pita más que la raspa de marisco en una mariscada. Los amigos de lo ajeno conocen trucos que harían palidecer al mismísimo Houdini y, si hay algo en lo que no queremos jugarnos el pescuezo, es en la protección de nuestro hogar. La tecnología ha avanzado, pero quienes buscan aprovecharse también, así que no está de más preguntarse si lo que separa tus ahorros, los recuerdos de las vacaciones y ese jamón que guardas para las ocasiones especiales de la calle es suficientemente fiable.

Las opciones tradicionales ya no resultan tan atractivas como antes. La vieja puerta de madera, con su encanto y su chirrido particular, tiene un problema: es pura fachada. A poco que se esfuercen los expertos en abrir puertas ajenas (llamémosles “aficionados al ajeno”), no les supone ni la mitad de esfuerzo que abrir una caja de galletas Gallega. Y tu tranquilidad no puede descansar en la posibilidad de que tu puerta sirva solo para disuadir al viento o para que los gatos del barrio no entren a cotillear.

Por eso, cada vez se ven más viviendas con ese aire serio, casi de fortaleza medieval renovada, porque cuando se trata de proteger tus dominios personales no hay espacio para medias tintas. Muchos se sorprenden cuando ven lo elegante y personalizables que pueden resultar las opciones de nueva generación. No son puertas de banco o de prisión; hoy, esa pieza clave de cualquier casa puede encajar con la decoración, desde el minimalismo más húmedo del Ensanche hasta el más clásico de Monte Alto. La resistencia y el diseño ya no están reñidos y, gracias a la innovación, es posible presumir tanto de estilo como de seguridad cuando tus suegros vienen de visita.

Quien busca una verdadera barrera frente a las malas intenciones en la ciudad herculina no tarda en descubrir que ese robusto blindaje incluye mucho más que un simple refuerzo metálico. Hablamos de defensas antipalanca, bombines de alta seguridad y bisagras que harían sudar al más hábil cerrajero de la provincia. Y no lo olvidemos: una buena protección, además de mantener a raya a los amigos de lo ajeno, también sirve para darle a uno esa paz mental que ni el mejor paseo por el Orzán consigue ofrecer.

Tener la certeza de que nadie puede entrar en tu piso sin tu permiso es uno de esos lujos cotidianos que solo aprecias cuando lo tienes… o cuando, por desgracia, lo pierdes. No es solo cuestión de patrimonio o de objetos materiales; es la protección de la vida diaria, del descanso reparador y de la confianza de cerrar la puerta e irte de escapada por la Costa da Morte sin la inquietud rondando en el estómago. Además, se acabaron los cariacontecidos paseos al buzón mirando de reojo o el ritual de cruzar los dedos a la vuelta del trabajo esperando que todo esté como lo dejaste.

El cambio requiere tomar una decisión valiente. Algunos en la familia pueden protestar por el presupuesto extra, pero hasta los más escépticos del lugar entienden que dormir tranquilo vale mucho más que cualquier inversión. Cuando sales de casa con el abrigo preparado para el sirimiri, sabes que tras la puerta has dejado todo lo que te importa y que nadie, salvo el propietario de las llaves, puede franquear ese umbral. Y eso para un coruñés, que tiene un pie siempre puesto en la tradición y el otro en el futuro, es motivo suficiente para apostar por la tranquilidad sin más historias. Quizás llegue el día en que los nervios por la seguridad en el hogar pasen a la historia, igual que las cabinas de teléfono en la plaza, pero hasta entonces, hay cosas en las que no merece la pena escatimar, sobre todo si quieres que tu casa siga siendo tu refugio pase lo que pase ahí fuera.