La playa de Quinta do Lago, entre los municipios de Faro y Albufeira, es uno de los destinos más codiciados del «Triângulo Dourado» del Algarve. Para el turismo extranjero, el acceso a este arenal se realiza normalmente desde el Aeropuerto de Faro (FAO), a solo cinco kilómetros, distancia que puede recorrerse en taxi, coche de alquiler y otros medios de transporte. Quienes viajen en vehículo propio y no deseen estacionar a pie de playa disponen del aparcamiento Low Cost Aeropuerto Faro, una opción segura y económica.
A diferencia de otras playas, la entrada a Quinta do Lago se efectúa por un puente peatonal que cruza la laguna de Ría Formosa. Esta construcción de madera, con sus trescientos metros de longitud, es una de las señas de identidad de la freguesia de Almancil.
Este enclave natural se interpone entre el océano Atlántico y el Parque Natural de Ría Formosa al que pertenece. Sus tres kilómetros y medio la posicionan como una de las playas más largas de su región, de características arenas blancas y finas además. Quinta do Lago está rodeada por un sistema dunar que permite sentirse como en mitad de un pequeño desierto.
Junto con Vilamoura y Almancil, forma parte del llamado «Triângulo Dourado», una referencia en el sector del turismo de lujo que concentra numerosos resorts, campos de golf y hoteles de alto standing.
Por un lado, la vida en Vilamoura gira en torno a su puerto deportivo, donde atracan miles de yates y embarcaciones lujosas. Hilton, Four Seasons y otras cadenas hoteleras de prestigio internacional disponen aquí de establecimiento.
La localidad turística de Almancil cierra el triángulo aportando numerosos mercados y locales comerciales. Sus restaurantes proporcionan una experiencia más típica y tradicional. En la iglesia de São Lourenço, los viajeros más sensibles el arte barroco alaban la belleza de sus interiores, revestidos de azulejos blancos y azules.