Cuando le preguntas a cualquier coruñés por su mayor preocupación a la hora de proteger su hogar, suelen venir dos cosas a la cabeza: si el Deportivo hará un buen partido el finde y, sobre todo, cómo asegurarse de que ninguna visita indeseada entre en su casa. Ese segundo asunto se ha convertido en la comidilla de portales de vecinos, grupos de WhatsApp y sobremesas familiares. Por eso, encontrar puertas acorazadas en A Coruña se ha vuelto casi un deporte local, y por buenas razones.
La seguridad en casa se ha sofisticado tanto como la cocina gallega. Ya no basta con un par de vueltas al cerrojo ni con poner la típica alarma que pita más que la raspa de marisco en una mariscada. Los amigos de lo ajeno conocen trucos que harían palidecer al mismísimo Houdini y, si hay algo en lo que no queremos jugarnos el pescuezo, es en la protección de nuestro hogar. La tecnología ha avanzado, pero quienes buscan aprovecharse también, así que no está de más preguntarse si lo que separa tus ahorros, los recuerdos de las vacaciones y ese jamón que guardas para las ocasiones especiales de la calle es suficientemente fiable.
Las opciones tradicionales ya no resultan tan atractivas como antes. La vieja puerta de madera, con su encanto y su chirrido particular, tiene un problema: es pura fachada. A poco que se esfuercen los expertos en abrir puertas ajenas (llamémosles “aficionados al ajeno”), no les supone ni la mitad de esfuerzo que abrir una caja de galletas Gallega. Y tu tranquilidad no puede descansar en la posibilidad de que tu puerta sirva solo para disuadir al viento o para que los gatos del barrio no entren a cotillear.
Por eso, cada vez se ven más viviendas con ese aire serio, casi de fortaleza medieval renovada, porque cuando se trata de proteger tus dominios personales no hay espacio para medias tintas. Muchos se sorprenden cuando ven lo elegante y personalizables que pueden resultar las opciones de nueva generación. No son puertas de banco o de prisión; hoy, esa pieza clave de cualquier casa puede encajar con la decoración, desde el minimalismo más húmedo del Ensanche hasta el más clásico de Monte Alto. La resistencia y el diseño ya no están reñidos y, gracias a la innovación, es posible presumir tanto de estilo como de seguridad cuando tus suegros vienen de visita.
Quien busca una verdadera barrera frente a las malas intenciones en la ciudad herculina no tarda en descubrir que ese robusto blindaje incluye mucho más que un simple refuerzo metálico. Hablamos de defensas antipalanca, bombines de alta seguridad y bisagras que harían sudar al más hábil cerrajero de la provincia. Y no lo olvidemos: una buena protección, además de mantener a raya a los amigos de lo ajeno, también sirve para darle a uno esa paz mental que ni el mejor paseo por el Orzán consigue ofrecer.
Tener la certeza de que nadie puede entrar en tu piso sin tu permiso es uno de esos lujos cotidianos que solo aprecias cuando lo tienes… o cuando, por desgracia, lo pierdes. No es solo cuestión de patrimonio o de objetos materiales; es la protección de la vida diaria, del descanso reparador y de la confianza de cerrar la puerta e irte de escapada por la Costa da Morte sin la inquietud rondando en el estómago. Además, se acabaron los cariacontecidos paseos al buzón mirando de reojo o el ritual de cruzar los dedos a la vuelta del trabajo esperando que todo esté como lo dejaste.
El cambio requiere tomar una decisión valiente. Algunos en la familia pueden protestar por el presupuesto extra, pero hasta los más escépticos del lugar entienden que dormir tranquilo vale mucho más que cualquier inversión. Cuando sales de casa con el abrigo preparado para el sirimiri, sabes que tras la puerta has dejado todo lo que te importa y que nadie, salvo el propietario de las llaves, puede franquear ese umbral. Y eso para un coruñés, que tiene un pie siempre puesto en la tradición y el otro en el futuro, es motivo suficiente para apostar por la tranquilidad sin más historias. Quizás llegue el día en que los nervios por la seguridad en el hogar pasen a la historia, igual que las cabinas de teléfono en la plaza, pero hasta entonces, hay cosas en las que no merece la pena escatimar, sobre todo si quieres que tu casa siga siendo tu refugio pase lo que pase ahí fuera.